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Desde sus inicios, el festival Poesía en Voz Alta ha tenido como misión encontrar un espacio de difusión de la palabra poética mediante propuestas que la acompañen, la rodeen, la hagan estallar con diversas formas de expresión para encontrar su público. Su programación siempre ha tratado de construir puentes entre esta forma de escritura y otras disciplinas artísticas, a priori alejadas de ella. Desde la década de 1950 hasta sus más recientes ediciones, tal ha sido la intención de este evento. Una vez más, este año, los participantes en el festival serán fieles a esta tradición, como si la compilación de su trabajo pudiera ilustrar esta intención con una amplitud mayor.
 
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El festival Poesía en Voz Alta tiene el propósito de mantener vivas las tradiciones orales y las experiencias literarias. Es una plataforma de encuentro entre creadores, formas ancestrales y propuestas arriesgadas que ofrecen nuevas maneras de entender la lírica. Poesía en Voz Alta responde a un creciente interés de los jóvenes por investigar el lenguaje y la escritura en relación con la voz, el ritmo y las posibilidades escénicas directas.
 
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Casa del Lago Juan José Arreola realiza este festival con más de 50 años de tradición, que vincula escritores mexicanos reconocidos con poetas de distintas tradiciones orales y diferentes nacionalidades, incluidas las lenguas indígenas. Jerome Rothenberg (EUA), Serge Pey (Francia) y Michel Raji (Marruecos – Francia) son algunos de los invitados que participan de la poesía como medio traductor de la organicidad  del mundo y sus invocaciones. Edson Lechuga (México), Sara Raca (México) y Yamil Narchi (México) los acompañan en una trayectoria que sintetiza la antigüedad de distintas culturas y sus manifestaciones actuales. Outspoken  es el bardo urbano, el grito social de Zimbawe. Charles Bernstein (EUA), Chefa Alonso (España), Marcelo Sahea (Brasil), Pedro Serrano (México) e Israel Martínez (México) ponen en crisis el sentido mediante la poesía del lenguaje, la improvisación, el minimalismo tecnológico y la turba. Francisco Hernández enmascara al poeta. Colectivo Gallegos y El rescate del mundo conforman cuadros que han incorporado la dicción del mundo antiguo con nuevas posibilidades estéticas.
 
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A diez años de haber retomado el nombre de Poesía en Voz Alta para generar un espacio donde se encuentre toda forma de hacer poesía, de presentarla, de articularla, de gritarla, improvisarla o hacerla estallar, Casa del Lago se ha convertido en uno de los sitios artísticos más comprometidos con la escena de exploración poética en y para el país y el resto del mundo. En la plataforma Poesía en Voz Alta.14 confluyen la ironía, el choque, la experimentación, el contraste, el ritmo y el silencio. Con ellos, la lengua en delirio construye obras en las que, mediante la búsqueda, se persigue el reconocimiento de lo vivo como expresión necesaria. El lenguaje común, el que vincula lo nuevo con lo viejo para encontrar materia de comprensión es, indudablemente, la poesía.
 
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 Poesía en Voz Alta (pva) se ha labrado un lugar, a lo largo de más de una década, como uno de los festivales importantes en América Latina dedicados a la puesta en escena de la palabra. Ha convocado un gran número de participantes: Amiri Baraka, Bartolomé Ferrando, Juan Gelman, Michel Houellebecq, Patti Smith y Raúl Zurita son algunos de los internacionales más conocidos, así como destacados artistas y poetas mexicanos, entre ellos Rocío Cerón, Rojo Córdova, Briceida Cuevas, Luis Felipe Fabre, Juan José Gurrola y Francisco Hernández. Su antecedente se remonta a 1956, cuando Juan José Arreola, Octavio Paz y otros escritores y artistas indagaron en formatos alternativos para presentar teatro y poesía. Al abrir sus puertas la Casa del Lago como centro cultural universitario en 1959, Arreola traslada el proyecto ahí. A partir de 2005, la Casa lanza la nueva época de pva, convocando a todo tipo de exponentes en torno a su relación con la oralidad para un festival cuya vocación es recrear la poesía (entendida en un sentido amplio e incluyente) como un arte vivo y en constante mutación, amén de romper fronteras entre diferentes géneros y sectores y retomar la dimensión corporal de la palabra.

Varios ejes atraviesan la edición 2018 de pva. Quizá el más insólito es la “traducción” a música, mediante el chelo solista de Erik Friedlander, de un texto que, si bien está en prosa, se origina en un afán poético básico, fundacional para el surrealismo y la poesía maldita: Los cantos de Maldoror de Lautréamont. Otro eje es el ensamblaje entre poesía y música electrónica, cuya materia es una antología del ejercicio poético provocado por la matanza del 2 de octubre de 1968 y que incluye poemas de Fraire, Huerta y Paz, entre otros. Los textos grabados fueron arropados por la inventiva sonora del compositor Pablo Gav con el propósito de difundirlos al aire libre, en el Espacio Sonoro de la Casa, dotado de un dispositivo de audio de ocho canales. A la par de las lecturas poéticas en vivo (una de ellas en lengua originaria), ya tradicionales en pva, el hip hop en español hace fuerte acto de presencia de distintas formas y con diferentes voces. Una de ellas es un guiño a los orígenes de pva en la Casa (y al centenario del nacimiento de Arreola): el enfrentamiento ficticio entre el director fundador de este recinto universitario y un abrevadero literario tan importante como el de Rosario Castellanos. Otras son la batalla estelar entre Proof y Faruz Feet o la presentación de La Banda Bastön. Esta fiesta de la palabra sonante, instigadora de acercamientos desde múltiples frentes, convoca a manifestaciones surgidas de diferentes entornos y propone, en su conjunto, una puesta en escena coral pero variopinta.